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Chapter 1: La Espada Negra

La lluvia seguía cayendo.

Fran caminaba por las calles de la Ciudad con el ceño fruncido.

Había pasado aproximadamente una hora desde que apareció en aquel extraño lugar.

No había encontrado al maestro.

Tampoco había encontrado a nadie que pudiera decirle cómo regresar.

Pero había aprendido algo importante.

La Ciudad era peligrosa.

Mucho más peligrosa que cualquier mazmorra que hubiera conocido.

—Maestro...

Fran se detuvo frente a un escaparate.

Su reflejo apareció en el cristal: una pequeña niña bestia con orejas negras, ropa empapada y una expresión seria.

A su lado debería estar su espada.

Pero no estaba.

Fran cerró los ojos.

—Fran sabe que maestro está aquí.

La voz del maestro volvió a aparecer en su mente.

«Estoy aquí, Fran.»

Ella abrió los ojos inmediatamente.

—¡Maestro!

«No puedo manifestarme completamente. Este mundo interfiere con nuestra conexión.»

—¿Puedes volver?

Hubo un breve silencio.

«Todavía no.»

Fran bajó las orejas.

Pero entonces el maestro añadió:

«Aunque puedo sentir algo.»

—¿Qué?

«Hay algo en esta Ciudad que está conectado conmigo.»

Fran levantó la cabeza.

—¿Algo... como maestro?

«No exactamente.»

La espada parecía dudar.

«Es una energía similar a la magia de este mundo. Pero también tiene características de nuestra conexión.»

Fran apretó los puños.

—Entonces Fran irá allí.

«Fran, espera.»

Demasiado tarde.

Fran ya había comenzado a correr.

El callejón

Fran llegó hasta un callejón estrecho.

La presencia que había detectado el maestro era más fuerte allí.

Pero también había otra cosa.

Sangre.

Fran se agachó y tocó el suelo.

Todavía estaba caliente.

Entonces escuchó una voz.

—No deberías tocar eso.

Fran levantó la mirada.

Un hombre estaba sentado sobre una caja metálica.

Llevaba un traje oscuro y sostenía una espada extraña.

No parecía sorprendido de encontrar a una niña allí.

—¿Eres una Fixer?

Fran negó con la cabeza.

—¿Una criminal?

—No.

—¿Una Distorsión?

—Tampoco.

El hombre suspiró.

—Entonces eres una niña perdida.

Fran lo miró fijamente.

—Fran busca a maestro.

—¿Maestro?

—Mi espada.

El hombre parpadeó.

—¿Tu... espada?

Fran asintió.

—Es muy fuerte.

—Ya veo.

El hombre se levantó.

—Entonces será mejor que encontremos esa espada antes de que alguien más la encuentre.

Fran entrecerró los ojos.

—¿Por qué me ayudaras?

—Porque pareces demasiado pequeña para estar sola aquí.

El hombre hizo una pausa.

—Y porque cinco minutos antes de que llegaras, algo destruyó a un grupo entero de matones.

Fran inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Algo?

—Una espada.

El corazón de Fran dio un salto.

—¡¿Dónde?!

El hombre señaló hacia el fondo del callejón.

—Por ahí.

Fran salió corriendo.

—¡Maestro!

Una espada desconocida

El callejón terminaba en una pequeña plaza.

En el centro había una enorme grieta en el suelo.

Alrededor de ella había cuerpos inconscientes.

Fran se acercó.

Y entonces lo vio.

Clavada en el cemento había una espada.

Negra.

Cubierta por líneas violetas que brillaban débilmente.

Fran se quedó completamente inmóvil.

—...

La espada emitió un pequeño resplandor.

«Fran.»

Ella corrió hacia ella.

—¡Maestro!

Pero al tocarla...

¡CLANG!

Una fuerza invisible la lanzó hacia atrás.

Fran cayó de pie.

—¿Maestro?

No hubo respuesta.

La espada permaneció inmóvil.

El hombre que había acompañado a Fran se acercó lentamente.

—Definitivamente no es una espada normal.

Fran volvió a acercarse.

—Maestro está dentro.

—¿Estás segura?

Fran asintió.

—Fran lo siente.

Entonces la espada comenzó a vibrar.

Una voz diferente surgió de ella.

No era la del maestro.

Era una voz fría y mecánica.

«Sincronización incompleta.»

Fran retrocedió.

«Entidad externa detectada.»

El hombre desenfundó su arma.

—Eso no me gusta.

Fran se puso delante de la espada.

—No tocar maestro.

El suelo comenzó a temblar.

Las luces de los edificios se apagaron una tras otra.

Y desde las sombras apareció una figura enorme.

Su cuerpo parecía estar compuesto de carne, metal y cables.

Tenía varios brazos.

Y cada uno sostenía un arma diferente.

El hombre palideció.

—Eso...

Fran lo miró.

—¿Qué es?

—Una Distorsión.

La criatura levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos se fijaron en Fran.

Y habló.

—Dame... la espada...

Fran desenvainó una pequeña espada que llevaba consigo.

Sus orejas se levantaron.

—No.

La criatura rugió.

—¡DÁMELA!

Fran sonrió ligeramente.

—Ven a buscarla.

La batalla

La Distorsión atacó.

¡BOOM!

Fran esquivó por centímetros.

El suelo explotó detrás de ella.

—¡Rápida!

El hombre atacó desde un costado.

¡CLANG!

Su espada chocó contra uno de los brazos de la criatura.

Pero apenas consiguió dañarlo.

Fran saltó.

—¡Haa!

Su espada atravesó otro brazo.

La criatura rugió.

—¡La heriste!

Fran aterrizó.

Pero entonces la Distorsión regeneró el miembro perdido.

Fran frunció el ceño.

—Se regenera.

«Fran.»

La voz del maestro volvió a escucharse.

Esta vez con mucha claridad.

—¡Maestro!

«No luches contra su cuerpo.»

Fran miró a la criatura.

«Busca la fuente de energía.»

Los ojos de Fran brillaron.

—Entendido.

La niña cerró los ojos.

Usó su habilidad de detección.

Una enorme cantidad de energía apareció frente a ella.

Pero no estaba dentro del cuerpo.

Estaba...

en la espada negra.

Fran abrió los ojos.

—Maestro...

«No soy yo.»

La expresión de Fran cambió.

—¿Entonces qué es?

«Algo está intentando utilizar nuestra conexión para entrar en este mundo.»

La criatura volvió a atacar.

Fran esquivó.

Miró la espada negra.

Después miró a la Distorsión.

Y finalmente comprendió.

—La espada no es maestro.

El monstruo sonrió.

—Correcto.

La espada negra comenzó a elevarse.

—Pero ahora que estás aquí...

Una enorme sombra cubrió la plaza.

—puedo encontrarte.

Fran levantó lentamente su espada.

—Fran no dejará que encuentres maestro.

La voz del maestro resonó dentro de su mente.

«Entonces acabemos con esto.»

Fran sonrió.

—Sí.

Sus ojos brillaron intensamente.

—¡Fran y maestro lucharán juntos!

Y por primera vez desde que llegó a la Ciudad...

una pequeña parte del poder del maestro comenzó a manifestarse.

La espada de Fran empezó a emitir una luz violeta.

La Distorsión retrocedió.

—¿Qué... eres?

Fran levantó su espada.

—Fran.

Hizo una pausa.

—Y él es maestro.

Continuará...

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