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Chapter 8: Lo que había debajo

Fran bajó las escaleras.

Cada peldaño parecía más frío que el anterior.

El ruido metálico volvía a escucharse.

Clang.

Fran se detuvo.

—...

No era una máquina.

Era demasiado irregular.

Clang.

Clang.

Como si algo golpeara las paredes desde el otro lado.

Fran continuó descendiendo.

Al llegar al último escalón, encontró una puerta de acero.

No tenía cerradura.

Solo un símbolo grabado en el centro.

El mismo símbolo que había visto en los documentos.

Fran acercó la mano.

El cuchillo vibró.

—¿Otra vez...?

La hoja comenzó a emitir un brillo tenue.

Fran la acercó al símbolo.

Click.

La puerta se abrió.

Fran entró.

Y se quedó inmóvil.

El laboratorio

Había jaulas.

Docenas.

Algunas estaban vacías.

Otras contenían animales.

Pero no eran animales normales.

Uno tenía brazos demasiado largos.

Otro poseía una segunda mandíbula.

Un tercero tenía partes de su cuerpo cubiertas por placas metálicas.

Fran apretó los dientes.

—¿Qué demonios...?

Las criaturas la observaron.

Ninguna atacó.

Parecían demasiado cansadas.

Una pequeña criatura parecida a un gato estaba acurrucada en una esquina.

Fran se acercó lentamente.

La criatura retrocedió.

Fran se agachó.

—Tranquila.

La criatura la observó.

Fran extendió la mano.

Después de unos segundos, se acercó.

Fran sintió un pequeño golpe contra sus dedos.

—...

Por alguna razón, aquello le dolió más que cualquier herida.

Había visto monstruos antes.

Había luchado contra monstruos antes.

Pero aquello era diferente.

Aquellos seres no habían elegido convertirse en monstruos.

Alguien se los había hecho.

El prototipo

Un ruido llamó su atención.

Al fondo del laboratorio había una enorme cápsula.

Dentro había algo.

Fran entrecerró los ojos.

—¿Qué es eso?

Se acercó.

La cápsula estaba llena de un líquido oscuro.

Y en su interior...

Había una figura.

Parecía humana.

Pero tenía orejas de animal.

Fran sintió un escalofrío.

—¿Un BeastKin...?

La figura abrió los ojos.

Fran retrocedió.

Los ojos eran completamente negros.

Entonces la criatura levantó una mano y la colocó contra el cristal.

Fran hizo lo mismo.

Sus manos quedaron separadas por la pared transparente.

La criatura la observó.

Y sonrió.

Fran sintió que algo no estaba bien.

Muy mal.

El cuchillo comenzó a vibrar violentamente.

—¿Qué pasa contigo?

Entonces escuchó una voz detrás de ella.

—Finalmente.

Fran giró.

El hombre que había derrotado estaba de pie en la entrada.

Pero ya no parecía herido.

—Llegaste hasta el prototipo.

Fran levantó el cuchillo.

—¿Qué es?

El hombre sonrió.

—La respuesta.

—¿Respuesta a qué?

—A una pregunta que algunos llevan mucho tiempo intentando responder.

Fran no bajó el arma.

—Habla claro.

El hombre señaló la cápsula.

—¿Qué ocurre cuando una criatura nacida con características animales recibe una estructura capaz de amplificar su potencial?

Fran miró a la criatura.

—¿La están convirtiendo en un arma?

—No.

El hombre sonrió.

—Estamos intentando descubrir qué puede llegar a ser.

Fran guardó silencio.

Entonces recordó algo.

Maestro.

Sus enseñanzas.

Su propia evolución.

Su poder.

Y la forma en que el cuchillo reaccionaba ante aquella criatura.

—No...

El hombre ladeó la cabeza.

—¿Qué sucede?

Fran miró el cuchillo.

—No están experimentando solamente con animales.

El hombre dejó de sonreír.

Fran levantó lentamente la mirada.

—Están buscando algo que ya existe.

Silencio.

—¿Verdad?

Por primera vez, el hombre pareció sorprendido.

Una puerta demasiado grande

Antes de que pudiera responder, todo el laboratorio comenzó a temblar.

BOOM.

Las jaulas vibraron.

Las luces parpadearon.

La criatura dentro de la cápsula abrió completamente los ojos.

El símbolo del laboratorio comenzó a iluminarse.

Fran sintió una presión enorme.

El cuchillo respondió.

La luz recorrió su brazo.

—¡¿Qué está pasando?!

El hombre retrocedió.

—¡No debería despertar todavía!

Fran lo miró.

—¿Despertar?

La cápsula comenzó a agrietarse.

Crack.

Crack.

Fran adoptó una postura defensiva.

El hombre salió corriendo.

—¡Espera!

Fran lo vio escapar.

Por un instante pensó en perseguirlo.

Pero entonces escuchó otro sonido.

CRAAACK.

La cápsula se rompió.

El líquido oscuro comenzó a derramarse por el suelo.

La criatura cayó de rodillas.

Fran levantó el cuchillo.

La criatura levantó la cabeza.

Y habló.

—Fran.

Fran se quedó completamente quieta.

—...

La criatura volvió a sonreír.

—Te estaba esperando.

Fran sintió que se le helaba la sangre.

—¿Cómo sabes mi nombre?

La criatura no respondió.

Solo señaló el cuchillo.

—Él también te encontró.

Fran miró la hoja.

Y por primera vez desde que había llegado a aquel mundo, comprendió que quizá su llegada no había sido completamente accidental.

Había alguien que sabía que ella existía.

Y quizá llevaba mucho tiempo esperándola.

Continuará...

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