Chapter 5: Un cuchillo no es una espada
La mañana llegó demasiado pronto.
Fran llevaba varias horas despierta.
El documento encontrado en el laboratorio seguía sobre la mesa.
Había intentado encontrarle algún sentido.
Había comparado símbolos.
Había repasado mentalmente todo lo que había visto.
Incluso había dibujado el símbolo en una hoja varias veces.
Nada.
—...
Fran suspiró.
—Necesito pensar.
Era una frase que había empezado a decir bastante últimamente.
Y, para su propia sorpresa, estaba empezando a gustarle.
Antes, cuando aparecía un problema, su primera reacción era sencilla:
Cortar.
Un enemigo.
Una barrera.
Una monstruo.
No importaba demasiado.
Pero aquel mundo le estaba enseñando algo que no le gustaba admitir.
No todos los problemas podían resolverse con una espada.
Fran tomó el cuchillo que había comprado.
Era pequeño.
Ligero.
Nada impresionante.
Lo sostuvo entre los dedos y lo observó.
—Y supongo que tampoco puedo hacer gran cosa con esto.
Intentó hacer un movimiento de corte.
El cuchillo silbó ligeramente.
Fran frunció el ceño.
—Demasiado corto.
Volvió a intentarlo.
—Demasiado ligero.
Otro movimiento.
—Y definitivamente no es Maestro.
Su expresión se volvió seria.
Por un instante, su mano se cerró con más fuerza alrededor del cuchillo.
No quería pensar demasiado en ello.
Maestro era su compañero.
Su maestro.
Su espada.
Y estaba lejos.
Pero Fran había aprendido a no quedarse quieta esperando.
Si no podía tener a Maestro consigo...
Entonces tendría que encontrar otra manera de protegerse.
-
La Asociación
Fran llegó a la sede de la Asociación de Fixers Dodeka poco después.
Sección 5 — Sur.
Había pasado poco tiempo desde que se registró, pero ya había comenzado a acostumbrarse al ambiente.
Fixers entrando.
Fixers saliendo.
Personas aceptando encargos.
Heridos regresando.
Gente discutiendo sobre dinero.
Era caótico.
Pero tenía algo que Fran apreciaba.
Una cierta estructura.
Aquí podía conseguir información.
Y, sobre todo, trabajos.
Fran se acercó al tablón de encargos.
Había varios.
Protección.
Eliminación.
Investigación.
Recuperación.
Fran examinó cada uno.
Uno llamó especialmente su atención.
Investigación — Distrito
Se solicita un Fixer para investigar desapariciones de pequeños animales y objetos en una zona residencial.
Se sospecha de actividad de algún grupo criminal menor.
Fran ladeó la cabeza.
—¿Animales?
No parecía un trabajo peligroso.
Precisamente por eso le interesó.
Podría aprovecharlo para investigar.
Fran arrancó el papel.
—Lo aceptaré.
El encargado de los trabajos la miró.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Es un encargo de investigación.
—Sé leer.
—No quise decir eso.
El hombre señaló su arma.
—Simplemente parece que estás más preparada para un trabajo de combate.
Fran miró su cuchillo.
—Puedo investigar.
—Está bien.
El hombre tomó el formulario.
—Pero ten cuidado.
—Siempre tengo cuidado.
El hombre levantó una ceja.
Fran lo miró.
—La mayoría de las veces.
El distrito residencial
La zona no parecía peligrosa.
Casas pequeñas.
Tiendas.
Algunos niños jugando.
Personas llevando mercancías.
Nada fuera de lo común.
Fran comenzó preguntando a los residentes.
La mayoría no sabía nada.
Unos pocos habían perdido comida.
Otros habían perdido pequeños objetos.
Pero nadie había visto al responsable.
Fran escuchó pacientemente.
Luego preguntó:
—¿Cuándo empezaron las desapariciones?
—Hace unas dos semanas.
—¿Siempre de noche?
—Principalmente.
Fran pensó.
—¿Y los animales?
Una mujer señaló una calle.
—Los gatos callejeros empezaron a desaparecer primero.
Fran se quedó quieta.
—¿Gatos?
—Sí.
—¿Cuántos?
—No sé. Muchos.
Fran miró hacia la calle.
Su cola se movió ligeramente bajo la capa.
Aquello no le gustaba.
—¿Y nadie hizo nada?
La mujer bajó la mirada.
—Son animales callejeros.
Fran apretó los dientes.
No dijo nada.
Simplemente continuó.
Al caer la tarde, Fran ya había reunido suficiente información.
Las desapariciones ocurrían siempre en una zona concreta.
No había signos de violencia.
No había cadáveres.
No había sangre.
Y nadie había escuchado gritos.
Fran caminó por el callejón donde había ocurrido la última desaparición.
Se agachó.
Había pequeñas huellas.
Fran las observó.
No eran humanas.
Tampoco parecían pertenecer a un gato.
Eran demasiado pequeñas.
Y tenían una forma extraña.
—¿Qué eres...?
Escuchó un ruido.
Tap.
Fran levantó la cabeza.
Nada.
Tap.
Esta vez detrás de ella.
Fran se giró rápidamente.
Una pequeña criatura salió de debajo de una caja.
Parecía un animal.
Pero no lo era.
Tenía seis patas.
Su cuerpo era delgado y oscuro.
Y llevaba algo entre los dientes.
Fran dio un paso.
La criatura retrocedió.
—No voy a hacerte daño.
La criatura huyó.
Fran sonrió.
—Eso depende de lo que hayas robado.
Comenzó a seguirla.
La madriguera
La criatura se metió por un agujero demasiado pequeño para una persona.
Fran lo observó.
—Genial.
Se agachó.
Miró dentro.
Oscuridad.
Luego escuchó varios sonidos.
Chirridos.
Muchos.
Fran comprendió.
No había una criatura.
Había una colonia.
Y estaban robando comida para sobrevivir.
Fran permaneció en silencio durante unos segundos.
No parecían hostiles.
Solo estaban desesperados.
Entonces escuchó otro sonido.
Esta vez mucho más profundo.
CLANG.
Fran se quedó inmóvil.
Otra vez.
CLANG.
El mismo sonido que había escuchado bajo la ciudad.
Su expresión cambió.
—No puede ser.
La criatura que había seguido salió corriendo.
Fran tomó el cuchillo.
No por miedo.
Por precaución.
Siguió el sonido.
El túnel era estrecho.
Demasiado estrecho.
Fran tuvo que avanzar de lado.
Finalmente llegó a una cámara subterránea.
Y encontró algo que no esperaba.
Había una caja metálica.
Sobre ella estaba grabado el mismo símbolo del laboratorio.
Fran se acercó.
—Otra vez tú.
La caja estaba rota.
Y dentro...
No había nada.
Fran examinó el suelo.
Había restos de un líquido oscuro.
Y marcas.
Marcas de garras.
Fran tocó una de ellas con el cuchillo.
La marca era reciente.
Entonces escuchó un ruido detrás de ella.
CLANG.
Fran se giró.
La criatura apareció.
Pero ya no parecía pequeña.
Había crecido.
Su cuerpo se había hinchado.
Sus seis patas golpeaban el suelo.
Sus ojos brillaban.
Fran levantó el cuchillo.
—Así que tú eres el problema.
La criatura saltó.
Fran esquivó.
BOOM.
El impacto hizo temblar la cámara.
Fran retrocedió.
—Fuerte.
La criatura volvió a atacar.
Fran rodó hacia un lado.
Su cuchillo apenas rozó una de sus patas.
La criatura chilló.
Fran miró la hoja.
—No.
Era inútil.
Un cuchillo normal no podía competir con aquello.
Fran dio un paso atrás.
La criatura volvió a cargar.
Fran cerró los ojos durante un instante.
Pensó.
No puedo cortarla.
Entonces recordó algo.
No necesitaba cortarla.
Necesitaba pensar.
Fran observó el entorno.
La cámara.
La caja.
Las tuberías.
La criatura.
Sus movimientos.
Siempre atacaba de frente.
Siempre saltaba.
Y después de cada salto...
Necesitaba unos segundos para recuperar el equilibrio.
Fran sonrió.
—Ya veo.
La criatura saltó otra vez.
Fran se apartó.
La criatura golpeó la pared.
Fran corrió hacia la caja metálica.
La pateó.
La caja cayó.
CLANG.
La criatura se giró.
Fran arrojó el cuchillo.
No contra ella.
Contra una tubería.
CLANK.
La criatura reaccionó al sonido.
Saltó hacia allí.
Fran esperaba eso.
Corrió hacia un lateral y tiró de una válvula.
SSSSSSSSS.
Una nube de vapor llenó la cámara.
La criatura chilló.
Fran aprovechó.
Corrió hacia ella y golpeó una de sus patas con toda su fuerza.
La criatura cayó.
Fran agarró el cuchillo.
Y lo clavó en el suelo, justo delante de su cabeza.
—Quédate ahí.
La criatura intentó levantarse.
Fran mantuvo la posición.
No necesitaba matarla.
Solo inmovilizarla.
Después de varios segundos, la criatura dejó de luchar.
Fran respiró profundamente.
—Mucho mejor.
Miró su cuchillo.
Tenía una pequeña muesca.
—Aunque sigues sin ser Maestro.
Una pista
Fran examinó nuevamente la criatura.
Encontró una pequeña pieza metálica incrustada en su cuerpo.
La sacó cuidadosamente.
Era un fragmento de la caja.
Tenía el símbolo.
Fran lo guardó.
Después miró hacia el túnel.
—Esto ya no es un simple caso de animales desaparecidos.
La colonia había encontrado algo.
Algo relacionado con aquel laboratorio.
Y alguien había dejado ese objeto allí.
Fran regresó a la superficie.
Antes de marcharse, miró una última vez hacia la madriguera.
—No volveré a molestarlos.
La criatura la observó desde la oscuridad.
Fran se dio la vuelta.
Había resuelto el encargo.
Pero también había encontrado algo mucho más importante.
Una conexión.
El laboratorio no era un lugar aislado.
Sus experimentos estaban llegando a otros lugares de la Ciudad.
Y alguien estaba moviendo esas cosas.
Fran caminó hacia la sede de Dodeka.
Esta vez no tenía prisa.
Tenía mucho en qué pensar.
Una nueva idea
Ya de noche, Fran regresó a su habitación.
Dejó el fragmento metálico junto al documento.
Después colocó el cuchillo a su lado.
Los observó.
—Necesito hacerme más fuerte.
No era una conclusión nueva.
Pero ahora sabía cómo.
No podía depender eternamente de Maestro.
No porque hubiera dejado de necesitarlo.
Todo lo contrario.
Precisamente porque quería estar preparada cuando volviera a encontrarlo.
Fran cerró los ojos.
Recordó la sensación de su poder.
La conexión.
La fuerza que alguna vez había sentido al luchar junto a él.
Quizá...
Quizá no necesitaba tener a Maestro físicamente para utilizar todo lo que había aprendido de él.
Quizá podía aprender a canalizar su poder de otra manera.
Fran abrió los ojos.
Miró el cuchillo.
—Si puedo hacerlo...
Tomó el arma.
—Entonces esto podría ser suficiente.
Por primera vez desde que había llegado a la Ciudad, Fran no pensó en conseguir un arma mejor.
Pensó en convertir aquella pequeña hoja en algo digno de ella.
Algo que pudiera llevar consigo.
Algo que pudiera usar incluso sin Maestro.
Sonrió.
—Pero primero necesito descubrir cómo.
Fuera de la ventana, algo pasó corriendo por el tejado.
Fran levantó las orejas.
Se acercó a la ventana.
No vio nada.
Solo oscuridad.
Y, a lo lejos...
CLANG.
Fran permaneció inmóvil.
Luego cerró la ventana.
—Mañana.
Miró el cuchillo una última vez.
—Mañana empezaré a entrenar.
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