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Chapter 4: Necesito pensar

El sonido volvió a escucharse.

CLANG.

Fran se detuvo frente a la alcantarilla.

CLANG.

Algo se movía debajo de la calle.

No era la primera vez que Fran encontraba algo extraño en la Ciudad.

Pero sí era la primera vez que encontraba algo que, según todo lo que había aprendido, no debería estar allí.

Los Sweepers pertenecían a la noche.

Aquello estaba ocurriendo durante el día.

Fran se agachó y examinó la tapa de la alcantarilla.

Había arañazos recientes alrededor del borde.

Y una sustancia rojiza.

—...

No la tocó.

Después de todo lo que había aprendido sobre la Ciudad durante los últimos días, tocar una sustancia desconocida era una forma bastante rápida de terminar muerta.

Fran sacó el pequeño cuchillo que había comprado.

No era gran cosa.

Pero era afilado.

Y servía.

—Supongo que tendrá que bastar.

Levantó la tapa.

Debajo había oscuridad.

Fran descendió.

Bajo la Ciudad

El túnel era estrecho y húmedo.

El agua sucia corría lentamente entre sus pies.

Fran avanzó con cuidado, sosteniendo el cuchillo.

No le gustaba aquel lugar.

Demasiado silencioso.

Demasiado cerrado.

Y, sobre todo...

Había algo que no encajaba.

CLANG.

El sonido volvió a escucharse.

Esta vez más cerca.

Fran apretó el cuchillo.

—¿Hay alguien ahí?

Silencio.

Después escuchó una voz.

—¿Un Fixer?

Fran siguió avanzando.

—Sí.

—¿De qué Asociación?

—Dodeka. Sección 5.

Hubo unos segundos de silencio.

—¿Dodeka?

—Sí.

Fran encontró finalmente al dueño de la voz.

Era un hombre vestido con el uniforme de un Fixer.

Estaba sentado contra la pared, sujetándose una pierna ensangrentada.

Fran se agachó frente a él.

—¿Puedes caminar?

—Probablemente.

—Entonces levántate.

El hombre la miró.

—¿Eso es todo?

—¿Qué más debería hacer?

—¿No vas a preguntar qué me pasó?

Fran señaló la herida.

—Un arma.

—...

—¿Me equivoco?

El Fixer soltó una pequeña carcajada.

—No.

Fran extendió una mano.

—Vamos.

El hombre aceptó la ayuda y se puso de pie.

Entonces escucharon el sonido.

CLANG.

Ambos miraron hacia el túnel.

El Fixer palideció.

—Tenemos que irnos.

Fran apretó el cuchillo.

—¿Sweeper?

—Sí.

—¿Aquí abajo?

—¡No debería haber ninguno aquí!

Fran miró hacia la oscuridad.

—Eso es exactamente lo que pensaba.

Una mala situación

Comenzaron a correr.

El Fixer cojeaba, así que Fran tuvo que sostenerlo.

Detrás de ellos:

CLANG.

CLANG.

CLANG.

El sonido se acercaba.

Fran miró hacia atrás.

Una figura roja apareció al fondo del túnel.

Un Sweeper.

Caminaba lentamente.

No parecía tener ninguna prisa.

No la necesitaba.

Fran recordó la noche anterior.

Había visto a aquellas criaturas limpiar las calles.

Había visto cómo absorbían todo lo que encontraban.

Y había aprendido que enfrentarse a ellos directamente era una pésima idea.

—¡Más rápido!

—¡Lo intento!

Doblaron una esquina.

Una puerta metálica bloqueaba el camino.

El Fixer empezó a buscar algo entre sus ropas.

—¡La llave!

—¿La tienes?

—¡Sí!

Fran escuchó los pasos detrás de ellos.

CLANG.

CLANG.

—¡Date prisa!

—¡Ya está!

La llave entró.

CLACK.

La puerta se abrió.

Fran empujó al Fixer al interior y entró detrás de él.

Cerró la puerta.

Un instante después...

BOOM.

El Sweeper chocó contra ella.

Fran retrocedió.

El Fixer respiró agitadamente.

—Eso estuvo demasiado cerca.

Fran miró la puerta.

Después miró al hombre.

—¿Por qué hay una puerta capaz de resistir a un Sweeper aquí abajo?

El Fixer no respondió.

Fran entrecerró los ojos.

—Sabes algo.

—No.

—Mientes.

—...

—No soy tonta.

El hombre suspiró.

—Tenemos que seguir.

Fran no insistió.

Todavía.

El laboratorio

La habitación en la que se encontraban no parecía pertenecer a una alcantarilla.

Había máquinas.

Tubos.

Contenedores.

Mesas de metal.

Y documentos.

Fran se acercó a una de ellas.

Vio una palabra repetida varias veces.

Sweeper.

Más abajo aparecía otra.

Experimento.

Fran levantó una ceja.

—Interesante.

El Fixer se puso tenso.

—No leas eso.

Fran lo miró.

—¿Por qué?

—Porque no deberíamos estar aquí.

—Eso ya lo había deducido.

Fran tomó uno de los documentos.

Había diagramas que no entendía.

Pero sí entendía una cosa.

Aquello no era un lugar donde simplemente estudiaban a los Sweepers.

Los estaban creando.

O intentando modificarlos.

Fran continuó leyendo.

Entonces encontró algo familiar.

Un símbolo.

El mismo que había visto durante su primer trabajo.

Fran se quedó inmóvil.

—Este símbolo...

El Fixer levantó la cabeza.

—¿Dónde lo viste?

—En un callejón.

—¿Cuándo?

—Hace unos días.

El hombre palideció.

—Entonces no es un incidente aislado.

Fran dejó el documento sobre la mesa.

—Eso parece.

—Tenemos que salir de aquí.

—Espera.

Fran tomó otro documento.

—Quiero saber qué es este lugar.

—¡No!

—No voy a quedarme toda la tarde.

El Fixer la miró.

—No entiendes con quién estás tratando.

Fran respondió tranquilamente:

—Entonces explícame.

Silencio.

Finalmente el hombre habló.

—Hay cosas en la Ciudad que es mejor no investigar.

Fran miró nuevamente el símbolo.

—Eso me han dicho varias veces.

—¿Y?

Fran guardó el documento.

—Normalmente significa que estoy cerca de algo interesante.

Un ruido metálico sonó al otro lado de la puerta.

Fran se giró.

El Fixer se tensó.

—¿Volvió?

—Probablemente.

Fran miró el pequeño cuchillo que sostenía.

Era un arma sencilla.

Sin habilidades especiales.

Sin tecnología.

Sin nada extraordinario.

Simplemente una hoja.

Fran la observó durante unos segundos.

Había pasado mucho tiempo dependiendo de su espada.

De sus técnicas.

De su magia.

De su inteligencia.

Pero ahora tenía que adaptarse por si misma.

Miró el documento que acababa de guardar.

Después al hombre herido.

Después a la puerta.

—Necesito pensar.

El Fixer la miró confundido.

Fran continuó

—Ya no puedo resolver todos mis problemas cortándolos.

El hombre soltó una pequeña risa.

—Eso es sorprendentemente sensato.

—No te acostumbres.

Fran guardó el cuchillo.

—Primero salimos de aquí.

-

De Regreso a la superficie

-

Encontraron otra salida al poco tiempo.

Cuando Fran volvió a ver la luz del día, respiró profundamente.

La Ciudad seguía siendo igual de ruidosa.

La gente caminaba por las calles.

Los vendedores gritaban.

Los Fixers iban y venían.

Todo parecía normal.

Pero Fran sabía que debajo de sus pies había un laboratorio lleno de secretos.

Y eso significaba que la Ciudad tenía todavía más capas de las que había imaginado.

El Fixer se apoyó contra una pared.

—Voy a informar a Dodeka.

Fran asintió.

—Hazlo.

—¿Tú también?

Fran asintió.

—Yo también informaré.

El hombre la miró sorprendido.

—Pensé que ibas a investigar por tu cuenta.

—Lo haré.

—Entonces...

Fran levantó un dedo.

—Pero soy una Fixer de Dodeka.

El hombre sonrió.

—Al menos sabes cuál es tu trabajo.

Fran respondió con orgullo:

—Por supuesto.

Hizo una pausa.

—Aunque eso no significa que tenga que contarles absolutamente todo lo que descubra.

—Ah.

—Ahora sí entendiste.

Fran regresó a su habitación esa tarde.

Colocó el documento sobre la mesa.

Volvió a examinar el símbolo.

Seguía sin saber qué significaba.

Pero ahora tenía una conexión.

El callejón.

Los Sweepers.

El laboratorio.

Y alguien estaba haciendo algo que no quería que nadie descubriera.

Fran apoyó el mentón sobre una mano.

—Veamos...

Durante los siguientes minutos simplemente pensó.

No intentó sacar conclusiones apresuradas.

Solo pensó.

Y poco a poco empezó a comprender algo.

La Ciudad no era un lugar donde bastaba con ser fuerte.

Había enemigos que no podía derrotar.

Problemas que no podía cortar.

Y secretos que no podía descubrir por la fuerza.

Fran tomó el cuchillo y lo dejó sobre la mesa.

—Entonces tendré que aprender otras maneras.

Afuera comenzaba a oscurecer.

Fran miró por la ventana.

Pronto volvería a ser de noche.

Y con la noche...

Llegarían los Sweepers.

Pero esta vez Fran no tenía intención de enfrentarse a ellos.

Todavía no.

Primero necesitaba entenderlos.

Y, sobre todo...

Necesitaba entender aquella Ciudad.

Porque cuanto más aprendía sobre ella, más evidente se volvía una cosa:

Había algo aquí que estaba conectado con su llegada.

Y Fran pensaba descubrir qué era.

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