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Chapter 11: El hombre de la fotografía

Fran no apartó los ojos de la fotografía.

Maestro.

El Prototipo 7.

Aquel extraño símbolo.

Todo estaba conectado.

Pero había una cosa que no podía aceptar.

—Dijiste que regresó de mi mundo.

El Fixer asintió.

—Eso dije.

—Entonces explícame algo.

Fran levantó la fotografía.

—¿Cómo puede ser que él haya estado aquí antes?

El Fixer se encogió de hombros.

—Porque este lugar era su hogar.

Fran permaneció en silencio.

No sabía qué responder.

Había conocido a Maestro durante unas pocas semanas.

Cuando se encontraron, él ya había perdido sus recuerdos.

Ni siquiera recordaba su propio nombre.

Por eso había sido Fran quien le había dado el nombre de Maestro.

No porque conociera su pasado.

Sino porque, incluso sin recordar quién era, sabía mucho más que ella.

Fran bajó lentamente la fotografía.

—No sé quién era antes de convertirse en mi espada.

El Prototipo 7 la miró.

—¿Tu espada?

—Sí.

Fran acarició la empuñadura del arma que llevaba consigo.

—Cuando lo conocí, ya era una espada. No recordaba cómo había llegado a serlo.

El Fixer frunció el ceño.

—¿Y tampoco sabía cómo había llegado a tu mundo?

—No.

Fran negó con la cabeza.

—Solo sabía que había despertado allí.

El silencio se hizo más pesado.

El Prototipo 7 miró la fotografía.

—Entonces es verdad.

Fran lo miró.

—¿Qué cosa?

—Maestro regresó.

—¿Regresó?

—Sí.

El Prototipo 7 señaló la fotografía.

—Antes de convertirse en espada, desapareció de aquí.

Fran sintió un escalofrío.

—¿Desapareció cómo?

—No lo sé.

—Pensaba que tú lo conocías.

—Lo conocía.

El Prototipo 7 bajó la mirada.

—Pero mis recuerdos están incompletos.

Fran apretó los dientes.

—¿Qué recuerdas?

El Prototipo 7 cerró los ojos.

—El laboratorio.

—Eso ya lo sé.

—Maestro.

Fran se acercó.

—¿Qué hacía?

—Trabajaba allí.

La respuesta sorprendió a Fran.

—¿Era investigador?

—No exactamente.

El Prototipo 7 permaneció unos segundos en silencio.

—Creo que estaba ayudando a alguien.

—¿A quién?

—No lo recuerdo.

La anciana que los había recibido seguía observándolos desde la puerta.

Finalmente habló.

—Yo sí.

Fran se giró.

La mujer señaló el interior.

—Entren.

El lugar era pequeño.

Había muebles viejos, libros, herramientas y varios aparatos electrónicos cubiertos de polvo.

Pero Fran reconoció algo inmediatamente.

En una de las paredes había un fragmento del mismo símbolo que había visto en la fotografía.

Los tres círculos.

La figura central.

El pequeño ojo geométrico.

Fran se acercó.

—Este símbolo...

La anciana asintió.

—Sí.

—¿Qué significa?

—Depende de a quién preguntes.

La mujer caminó hasta una mesa.

—Para algunos era una organización científica.

—¿Y para otros?

—Una forma de llegar a algo que no debería ser alcanzado.

Fran frunció el ceño.

—Eso no explica nada.

—Porque todavía no puedo explicártelo todo.

La anciana sacó una fotografía mucho más antigua.

La colocó junto a la que Fran llevaba.

Era Maestro.

Pero esta vez estaba solo.

Parecía mucho más joven.

Y llevaba ropa que Fran jamás le había visto.

—Ese era él antes de desaparecer.

Fran observó la fotografía.

—¿Cuál era su nombre?

La anciana se quedó callada.

—No lo sé.

Fran levantó la mirada.

—¿Cómo que no?

—Él nunca me lo dijo.

—¿Entonces también lo llamaban Maestro?

La mujer negó con la cabeza.

—No.

Fran sintió curiosidad.

—¿Cómo lo llamaban?

La anciana respondió:

—Por su número.

Fran se quedó inmóvil.

—¿Su número?

—Sí.

El Prototipo 7 levantó la cabeza.

La mujer lo miró.

—Y tú estabas relacionado con él.

El Prototipo 7 no respondió.

Fran sintió que algo se estaba formando en su mente.

—Espera.

Señaló la fotografía.

—¿Maestro era un experimento?

—No exactamente.

—Entonces, ¿qué era?

La anciana suspiró.

—Alguien que decidió participar.

Fran frunció el ceño.

—¿Participar en qué?

La mujer miró el símbolo de la pared.

—En un proyecto que buscaba atravesar una frontera.

—¿Qué frontera?

La anciana respondió:

—La que separa un mundo de otro.

Fran sintió que el corazón le daba un vuelco.

Miró al Prototipo 7.

Después la fotografía.

—Entonces...

La anciana asintió lentamente.

—Sí.

—¿Ese proyecto fue lo que mandó a Maestro a mi mundo?

—Probablemente.

—¿Probablemente?

—Porque no todo salió como esperaban.

La anciana bajó la mirada.

—El experimento no solo abrió una puerta.

Fran apretó la fotografía.

—¿Qué más hizo?

—Cambió a quienes estaban dentro.

Silencio.

Fran miró su espada.

Por primera vez, la posibilidad le pareció evidente.

—La espada...

La anciana no respondió.

Fran continuó:

—¿Fue el experimento el que convirtió a Maestro en una espada?

La mujer cerró los ojos.

—No puedo asegurarlo.

—Pero lo sospechas.

—Sí.

El Prototipo 7 habló por primera vez.

—Yo estaba allí.

Fran se volvió hacia él.

—¿Qué recuerdas?

Sus ojos amarillos temblaron ligeramente.

—Luz.

—¿Qué clase de luz?

—Brillante.

Fran recordó el poder que había comenzado a utilizar alrededor de sus armas.

El Prototipo 7 continuó:

—El símbolo estaba encendido.

Se llevó una mano a la cabeza.

—Maestro estaba allí.

—¿Y después?

—Hubo una explosión.

—¿Y Maestro?

El Prototipo 7 cerró los ojos.

—Desapareció.

Fran sintió un nudo en el estómago.

—¿Y luego?

—Después...

Su voz se volvió débil.

—Lo escuché.

Fran contuvo la respiración.

—¿Qué escuchaste?

—Su voz.

—¿Qué dijo?

El Prototipo 7 abrió los ojos.

—No recuerdo las palabras.

Fran bajó la mirada.

La anciana continuó:

—Cuando el experimento terminó, no encontramos su cuerpo.

—Porque había llegado a mi mundo.

—Sí.

Fran levantó lentamente la cabeza.

—Y allí se convirtió en una espada.

—Eso creemos.

—¿Creen?

La anciana asintió.

—No sabemos exactamente cómo ocurrió esa transformación.

Fran apretó los puños.

—Entonces tampoco saben por qué perdió sus recuerdos.

—No.

—Ni cómo consiguió convertirse en una espada.

—No.

—Ni cómo consiguió cruzar entre mundos.

La mujer la miró directamente.

—No.

Fran guardó silencio.

Por primera vez, todas aquellas preguntas parecían formar una sola.

Maestro había sido un ciudadano de La Ciudad.

Había participado en un proyecto relacionado con otros mundos.

El experimento había terminado en desastre.

Había desaparecido.

Y en algún momento, entre ese mundo y el suyo, había dejado de ser un hombre.

Había perdido sus recuerdos.

Y había terminado convertido en una espada.

La anciana miró al Prototipo 7.

—Pero hay algo que sí sabemos.

Fran levantó la mirada.

—¿Qué?

—El experimento no fue destruido.

Fran sintió un escalofrío.

—¿Qué?

La mujer señaló el símbolo.

—Sigue existiendo.

El Prototipo 7 se quedó completamente inmóvil.

—No.

La anciana lo miró.

—Sí.

—Pero el laboratorio...

—Era solamente una instalación.

Fran comprendió.

El laboratorio donde habían estado.

Las cápsulas.

Los experimentos.

Todo aquello no había sido el origen.

Era apenas una pieza de algo mucho más grande.

La anciana tomó la fotografía y la guardó.

—Si quieres descubrir qué ocurrió con Maestro, tendrás que encontrar el lugar donde comenzó todo.

Fran miró al Prototipo 7.

—¿Puedes llevarnos allí?

Él tardó en responder.

—No lo sé.

—¿Por qué?

—Porque no recuerdo dónde está.

Fran suspiró.

—Entonces tendremos que descubrirlo.

El Prototipo 7 la observó.

—¿Por qué quieres hacerlo?

Fran se quedó pensativa.

Después respondió:

—Porque Maestro fue quien me enseñó a seguir adelante.

Miró su espada.

—Ahora me toca a mí encontrarlo.

La anciana sonrió débilmente.

—Entonces será mejor que estén preparados.

—¿Para qué?

La mujer miró hacia la ventana.

En la distancia, algo enorme se movía entre los edificios.

—Porque si ellos saben que el Prototipo 7 está vivo...

Hizo una pausa.

—...ya deben saber que la espada también regresó.

Continuará...

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